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sábado, 31 de enero de 2026

FAHRENHEIT 451de Ray Bradbury

 

Fahrenheit 451: advertencia cultural y fragilidad histórica

Fahrenheit 451 suele leerse como una novela sobre la censura y la quema de libros, una distopía visionaria que advertiría de los peligros del totalitarismo. Sin embargo, una lectura detenida obliga a matizar esa interpretación. Bradbury no construye una distopía política sólida ni describe con verosimilitud histórica el tránsito de una democracia a una dictadura. Lo que propone es una alegoría cultural: una sociedad que abandona el pensamiento antes de que nadie se lo prohíba. Esta elección explica buena parte de la fuerza de la novela, pero también algunos de sus límites más evidentes.

Desde un punto de vista histórico, el mundo narrado resulta problemático. La aceptación casi generalizada de la censura, la ausencia de una oposición articulada y la escasa presencia de un aparato represivo eficaz hacen difícil creer en la estabilidad del sistema. Bradbury insiste, a través de Beatty, en que la censura no nace de un decreto estatal, sino de una demanda social de simplificación y comodidad. Sin embargo, el propio texto muestra lo frágil de ese planteamiento: hay un solo sabueso mecánico por ciudad, la persecución de Montag requiere la colaboración masiva de los ciudadanos y el poder necesita escenificarse continuamente en televisión. Todo ello sugiere un sistema menos consolidado de lo que la novela parece afirmar. Esta debilidad histórica no es un detalle menor, porque afecta directamente a la potencia moral del relato: una advertencia ética pierde fuerza cuando el lector percibe que parte de una premisa poco verosímil.

Ahora bien, este límite histórico no invalida por completo la propuesta de Bradbury, sino que obliga a desplazar el foco. El autor no parece interesado en explicar cómo funciona realmente el poder, sino en mostrar una transformación previa: el agotamiento cultural de una sociedad que ya no desea pensar. El Estado aparece como gestor de esa deriva, no como su causa original. La censura no nace del miedo, sino del cansancio; no de la represión, sino de la renuncia voluntaria a la complejidad.

Esta renuncia se manifiesta con especial claridad en la violencia cotidiana que atraviesa la novela. Bradbury no necesita largos discursos ideológicos para retratarla: basta con escenas concretas. Cuando Montag recuerda a Clarisse, habla de jóvenes que conducen a toda velocidad “por diversión”, de atropellos deliberados y de una normalidad en la que caminar despacio resulta sospechoso. El momento en que un coche intenta atropellar a Montag y regresa para rematarlo no responde a ninguna orden estatal: es una reacción casi automática contra quien interrumpe el flujo. La violencia no es política, es reflejo de una deshumanización interiorizada.

En este contexto, la velocidad adquiere un valor simbólico central. No es un simple rasgo ambiental, sino un mecanismo cultural. Detenerse equivale a pensar, y pensar se ha vuelto intolerable. Las carreteras no están hechas para peatones, las ciudades no admiten la pausa y la conversación se sustituye por estímulos continuos. La novela insiste una y otra vez en esta lógica, desde los anuncios kilométricos que Montag memoriza a la obsesión de Mildred por las pantallas que ocupan por completo las paredes del salón.

Es aquí donde Fahrenheit 451 conecta con especial fuerza con el presente. Bradbury no anticipa tecnologías concretas, pero sí una forma de relación con el mundo que hoy reconocemos con facilidad: la cultura de la inmediatez. El flujo constante de estímulos, la fragmentación extrema y el consumo acelerado sustituyen a la experiencia reflexiva. No se prohíbe pensar; pensar se vuelve materialmente impracticable. La novela lo muestra con claridad cuando Mildred no puede soportar el silencio, cuando necesita que las “familias” de la televisión le hablen continuamente o cuando no recuerda haber ingerido una sobredosis de pastillas la noche anterior. No hay borrado estatal de la memoria: hay vacío interior.

Los personajes funcionan como figuras que encarnan distintas formas de esa renuncia. Clarisse no es un personaje desarrollado, sino un catalizador. Su papel se limita a observar, preguntar y caminar despacio. Precisamente por eso resulta incompatible con el mundo que habita. Su desaparición temprana no es un descuido narrativo, sino una afirmación clara: ese tipo de sensibilidad no puede sobrevivir. Clarisse no acompaña a Montag; lo despierta y desaparece, dejando el conflicto instalado en su interior.

Faber representa una figura distinta: la lucidez tardía. Es el personaje que comprende con mayor claridad lo que se ha perdido, que sabe explicar por qué los libros importan y qué función cumplían. Sin embargo, él mismo se define como cobarde. Ha esperado demasiado y ahora solo puede ayudar desde la distancia, a través de un auricular, empujando a otros a hacer lo que él no se atreve. Su desaparición de la novela cuando Montag entra en la acción refuerza una idea incómoda: el conocimiento sin coraje no transforma nada.

Beatty introduce la contradicción más compleja. Conoce los libros, los cita con soltura y los utiliza como arma retórica. Esto indica que la cultura aún es peligrosa y que el sistema no está plenamente estabilizado. Sin embargo, en su enfrentamiento final con Montag, Beatty actúa desde una confianza excesiva en la obediencia automática del individuo. Provoca, humilla y cita textos convencido de que el poder siempre será acatado. No parece buscar la muerte, sino subestimar la posibilidad de desobediencia. Su caída no tiene tanto de grandeza trágica como de error de cálculo del poder, lo que vuelve a poner en cuestión la solidez del sistema que representa.

Mildred completa este panorama desde una posición mucho más inquietante. No es fanática ni cruel, sino frágil, vacía y dependiente del entretenimiento. La escena de la sobredosis es reveladora: los técnicos que la atienden actúan de forma mecánica, como si se tratara de una rutina habitual. Nadie se sorprende, nadie pregunta. Cuando Mildred despierta, no recuerda nada. No porque alguien haya borrado su memoria, sino porque no ha vivido nada conscientemente. Su posterior traición a Montag no responde a una convicción ideológica, sino al miedo y a la necesidad de preservar su comodidad. Es la víctima que sostiene el sistema sin proponérselo.

El sabueso mecánico refuerza esta lógica. Que haya uno por ciudad revela una debilidad material evidente, pero también confirma que el poder no se sostiene por la fuerza, sino por consentimiento pasivo. El sabueso no controla masas ni mantiene el orden cotidiano: aplasta excepciones. Es un instrumento diseñado para castigar al que se sale del guion en una sociedad que ya se vigila a sí misma.

El final de la novela es coherente con todas estas tensiones. No hay victoria ni caída del sistema, solo la destrucción repentina de una ciudad. Bradbury no afirma que la guerra se haya perdido ni que el mundo vaya a cambiar. La esperanza, si existe, no es política ni histórica, sino moral y condicional: la memoria no ha desaparecido del todo. Todo puede seguir igual. El final no consuela; retira la coartada de la ignorancia, pero no ofrece garantías.

En conjunto, Fahrenheit 451 es una novela intelectualmente estimulante, pero no exenta de problemas. Funciona mejor como advertencia cultural que como modelo histórico. Su mensaje es potente, pero se apoya en una premisa discutible que puede debilitar su impacto moral en lectores exigentes. Precisamente por eso sigue siendo interesante: no como obra incuestionable, sino como texto que invita —y casi obliga— a ser discutido.


Fahrenheit 451 en la cultura popular. 


En 1966 François Truffaut dirigió la película homónima. En el reparto destacan Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Diffring y Jeremy Spencer.

En 2018 Ramin Bahrani dirige una nueva versión que obtuvo escaso éxito comercial y una mala crítica pues pierde la profundidad filosófica y emocional respecto a la obra de Bradbury. Os dejo el trailer:






lunes, 27 de marzo de 2017

EL HOMBRE EN EL CASTILLO de Philip K.Dick



  Los nazis han ganado la II Guerra Mundial junto a sus aliados. EEUU no intervino en la misma porque Roosvelt fue asesinado en 1933 y el presidente estadounidense que hay en 1939 es un aislacionista que no entra en el conflicto bélico; de manera que la Alemania nazi y Japón se reparten el mundo sin problemas. Europa para Alemania, Asia para Japón junto a Latinoamérica y EEUU que queda dividida en tres partes: la costa oeste para Japón, la costa este para Alemania y el centro que tiene cierta autonomía pero que está influenciada por las dos grande potencias.

  Bonito panorama el que nos presenta Philip Dick en "El Hombre en el Castillo". LA verdad es que cuando uno empieza a leerla se crea unas espectativas que el final del la novela acaba por destrozar, y es que la historia se va diluyendo a medida que avanzamos en la lectura.
  Si nos centramos en el argumento, la novela presenta cuatro hilos conductores:
1. Por un lado tenemos a Baynes un alemán que se hace pasar por sueco que viaja a la costa oeste americana para entrevistarse con un alto dirigente del Imperio del Sol Naciente. El motivo: informarle que desde Alemania se planea un ataque nuclear sobre Japón.

2. Childan se dedica al negocio de antigüedades donde es un reputado comerciante. Sin ser consciente de ello vende falsificaciones que solo unos pocos son capaces de reconocer.

  3. Frinck y McCarthy se dedican a realizar pequeñas obras de artesanía que intentan colocar en el mercado a pesar que los japoneses solo sienten admiración por las antigüedades.

 4. Juliana y Joe. La primera es la ex-mujer de Frinck, el segundo su amante, un tío que se hace pasar por italiano cuando en realidad es un alemán que tiene la misión de asesinar a Abdesen autor de "La Langosta se ha posado".

  Problemón: Estos cuatro hilos conductores apenas llegan a convergir en el final por lo que por momentos parece que estamos leyenda cuatro pequeñas historias que suceden en ese contexto pero que por lo demás no tienen mucho en común.

  Interesante resulta el recurso de introducir una  novela dentro de la novela. "La Langosta se ha posado" es una historia en la que se narra cómo los nazis y los japoneses han sido derrotados durante la II Guerra Mundial, y es por ello por lo que su publicación se prohíbe en los territorios dominados por los nazis.Y comento que resulta interesante porque lo que para los personajes es ficción, para el lector  es la auténtica realidad , y lo que para nosotros como lectores es ficción para los personajes es la pura realidad. ¿Nos está diciendo Dick que no se puede hablar de una verdadera realidad puesto que hay varias realidades paralelas? Vaya usted a saber, con lo que le gustaba a este hombre unas buenas anfetaminas...

  A pesar de lo raro de su final, recomiendo su lectura. Por cierto muy buena la edición de Minotauro y muy buen detalle el hecho que la publicaran junto a Fahrenheit 451 de Bradbury en un pack en la que te regalaban una camiseta.

miércoles, 5 de octubre de 2016

LA HUELGA GENERAL de Jack London




  No conocía esta editorial hasta que un día encontré un libro con una llamativa portada roja y un tío que me recordaba a Lenin. Miré el autor y oye, que era nada más y nada menos que Jack London pero es que el título me sorprendió "La huelga general". No sabía que London hubiese escrito relatos con contenido político. Pero lo que definitivamente me llevó a comprarlo es que además el relato estaba ilustrado por una de las mejores en su campo en España: Laura Pérez Vernetti. La editorial que en un periodo de crisis no solo económica sino que también del movimiento sindical (que se lo digan sino a los UGT, CCOO, CSIF, ANPE o CNT) tuvo la feliz idea de publicar un libro sobre una huelga general fue Luces de Gálibo.

  El argumento del relato es sencillo: en los Estados Unidos de principios del siglo XX los obreros hartos de los abusos de los empresarios deciden llevar a cabo una huelga general que lleve a sus jefes a pasar el mismo hambre o más del que ellos están pasando, de manera que todas las actividades económicas quedan paralizadas no por un, dos, tres o cuatro días sino durante meses.Por supuesto que los obreros no son tontos y por ello a lo largo de los meses precedentes se han ido aprovisionando de alimentos para que esa dura huelga no les afecte lo más mínimo.
  El caos que provoca dicha huelga es tal que las clases altas de la sociedad norteamericana (London se centra en la de la ciudad de San Francisco) pierden los papeles y deciden hacer cualquier cosa con tal de recuperar ese poder que ven perdido. A medida que pasan las páginas (60 con ilustraciones incluidas) la situación para estos ricachones se hace cada vez más insostenible hasta que acaban por luchar como salvajes por un trozo de carne.

  Por supuesto quien resulta vencedor de este enfrentamiento será la clase obrera, pero veamos ahora porqué tiene tanto valor este relato. Primero de todo porque a pesar de que se escribió a principios del siglo XX el fondo que trata es de la más rabiosa actualidad:la importancia de los sindicatos.
  Nadie puede negar que los niveles de confianza en los sindicatos actualmente en nuestro país está por los suelos: cursos de formación en Andalucía donde sindicatos ponen la mano para llevárselo calentito a casa, apoyo a gobiernos que recortan en personal en áreas tan importantes como Educación o Sanidad (si no lo creen vean el trabajo sucio que le hicieron los sindicatos nombrados en el primer párrafo a las señoras Esperanza Aguirre o María Dolores de Cospedal en las comunidades de Madrid y Castilla la Mancha) y un largo etc; pero ello no debe ocultarnos una verdad importantísima y ésta es que sin los sindicatos, buena parte de los derechos labores que tenemos (cierto que muchos de ellos nos los han cercenado en los últimos 5 años) hoy en día no podríamos disfrutarlos.
  Jack London nos recuerda que gracias a un buen sindicato, y utilizando como única forma de presión la resistencia pacífica (la huelga general) el trabajador puede acabar no imponiéndose al empresario pero si al menos obtener una serie de derechos que le permitan vivir de una manera más decorosa y digna.
  También es interesante el relato porque hace pensar al lector algo en lo que casi nadie suele hacerlo: es el propio trabajador quien crea riqueza y quien permite que una economía se desarrolle; en el momento en el que el trabajador desaparece de la ecuación (como por ejemplo en una huelga general) el desarrollo económico se ralentiza y la riqueza desaparece. Es más, muestra que si los trabajadores se unen y organizan pueden cambiar incluso la forma de hacer política en un país (y de esto último estamos teniendo en España un claro ejemplo con la irrupción de un nuevo partido político como PODEMOS que tiene su origen en las manifestaciones del famoso 15-M de 2011).

  Sin duda un relato de lo más actual de uno de los mejores escritores norteamericanos del siglo XX.

  Un último comentario: la editorial Luces de Gálibo dona un 1% de los beneficios obtenidos por la venta de cada libro. Ya podrían aprender las grandes editoriales españolas.

martes, 6 de septiembre de 2016

SU PASATIEMPO FAVORITO de William Gaddis



  Me da mala espina cuando alguien me aconseja que para leer a determinado autor tengo que empezar con una obra menor porque de otra manera no entenderé la grandeza de su escritura. Por regla general estas recomendaciones me las hacen con autores del siglo XX como los norteamericanos Pynchon, Barth o Gaddis. Y digo yo ¿quién se ha leído de Cervantes "La Galatea" antes que "El Quijote? ¿o "La Vida Nueva? de Dante antes que su "Divina Comedia?
  Prefiero que me digan :"esta es la obra maestra de tal autor, léela y opina". Si me gusta esa obra buscaré entre su obra para empaparme de todo lo que ese escritor haya hecho a lo largo de su vida; si no me gusta, lo mismo le doy otra oportunidad, o lo mismo no vuelvo a leerlo que para eso hay miles de libros.

  Todo este rollo viene a cuento de este libro de Gaddis, pues se suele recomendar comenzar por cualquiera de sus "menores" ("Gótico Carpintero" o  "Ágape se paga")  que son considerados como tales por el hecho de tener menos de trescientas páginas (una gilipollez como un piano).


  ¿Qué me ocurrió con esta novela? Pues que me gustó y mucho,

  El libro es raro porque aunque me gustaba bastante  me costaba retomarlo, es decir, podía leer en un día 100 páginas y después estar tres sin cogerlo porque me dejaba exhausto y aunque me gustaba no me apetecía seguir leyéndolo. Mentalmente era agotador.
  El título de la obra es genial. Resulta que el protagonista Óscar Crease escribió una obra de teatro basada en una batalla de la Guerra de Secesión, copiando literalmente pasajes y diálogos enteros de obras de Platón o Esquilo entre otros. El problema aparece cuando un director de cine decide plagiar la obra de teatro y realiza una superproducción hollywoodiense.
  Nuestro protagonista no puede tolerar esto y decide embarcarse en una guerra judicial contra la producción, pero hete aquí que sufre un accidente y como el señor no tiene otra cosa que hacer pues se embarca en mil y un litigios a cual más surrealista (uno de ellos consiste en querer llevarse a juicio a si mismo pues mientras arreglaba su propio coche éste lo atropelló y por tanto quería que el seguro del coche se hiciera cargo). De manera que "su pasatiempo favorito" consistían en litigar como si no hubiera mañana.

  Gaddis escribe una obra de teatro dentro de su novela. La trama de esta obra teatral se sitúa en los Estados Unidos en plena Guerra de Secesión. Un hombre paga a una persona para que ésta lo sustituya como soldado de los estados del sur; poco después tiene que marchar hacia el norte porque ha heredado en esos estados y allí se ve obligado a darle dinero a otra persona para que también lo sustituya. Y claro al final pasa lo que pasa y los dos acaban muriendo lo que supone un drama para el protagonista de la obra teatral. Ésta además hace múltiples referencias a obras de Platón, Aristóteles y muchos más.
   Ésta me recuerda mucho a la epopeya que narra John Barth en su maravilloso "El Plantador de Tabaco" y que posiblemente sirviera de inspiración a Gaddis y que aprovecho para recomendar su lectura encarecidamente.


  Por supuesto que Gaddis se sirve del humor para realizar una crítica feroz al mundo de
la abogacía a los que describe como auténticas hienas que inflan las facturas de sus clientes con tal de obtener los mayores beneficios posibles, azuzando a sus clientes para que éstos en caso de perder el juicio interpongan recurso tras recurso sin tener en cuenta las posibilidades reales de éxito de éstos.

  En cuanto al estilo cabe destacar el uso infinito que realiza del diálogo.  Para mi se trató de una dificultad  (y que por lo que leo es característico de la obra de Gaddis) porque  los personajes dialogan entre ellos sin ningún tipo de orden por lo que en muchos momentos el lector pierde el hilo de la conversación y tiene que volver a releer e párrafo. Por si esto no fuera poco la novela  no está estructurada por capítulos por lo que pasa de una historia a otra o las entrelaza sin que nada nos ayude a presagiar esas variaciones narrativas.

  Comentaba que Gaddis se sirve en multitud de ocasiones del sentido del humor y como prueba varios ejemplos: el protagonista se encuentra reunido con un abogado para iniciar un pleito por el atropello que ha sufrido por parte de... si mismo:

  "- Claro tienen que examinar el coche. Yo lo único que quiero es que se haga justicia.
   - Está estacionado en su... en el sitio donde ocurrió el accidente, no encuentro el ... ¿qué coche es?
   - Kemekereyo
   - Estoy hablando en serio señor Crease.
   - ¡Y yo también! Es japonés, un Kemekereyo.
   - Ah ya. Perdone, es que resulta muy difícil quedarse con tantos nombres hoy en día. La semana pasada se nos mató una familia entera en un Sakereyado y me pasó prácticamente lo mismo..."

  Luego tenemos la crítica cinéfila como si de Carlos Boyero se tratara, Gaddis atiza a actores y directores de cine. Por ejemplo  de uno de los actores que protagonizan el plagio "La sangre en el rojo, el blanco y el azul" dice:

  "-El personaje del padre de la novia, interpretado con un auténtico frenesí de sobreactuación por el astro en pleno ocaso Clint Westwood, en el primer trabajo que consigue desde Por un puñado de p... mier..a"  

  ¿A qué actor estará haciendo referencia?

  Más adelante hace referencia al director de cine Krzysztof Kielslowski y a...:

  "- A diferencia de las películas que siguieron al primer éxito de taquilla del señor Kiester... que daban la impresión de haber sido rodadas sin las trabas que impone un guión, en su producción más reciente desarrolla desde el principio un relato con fuerza suficiente para que tenga cabida incluso el muy limitado talento interpretativo de Robert Bredford..."

  Las alusiones a los actores están claras, al director también pues hay que recordar que Kielslowski dirigió la trilogía: "Azul", "Blanco", "Rojo" que como hemos visto dan nombre a la película a la que hace referencia Gaddis.

  En resumen, sentido del humor, complejidad estilítica, referencias a escritores del mundo clásico y actual (también cita a Albert Camus), actores y directores de cine, crítica hacia el mundo de la abogacía... ¿qué mas queremos?
  En mi opinión nos encontramos ante una obra genial que sirve para quitarnos de la cabeza la tontería esa con la que comenzaba la entrada: un buen libro y un gran escritor se reconocen desde las primeras páginas y por ello no hay que empezar por una obra "menor" para comprender a los grandes genios de la literatura.

  Ahhh y que no se me olvide dar las gracias a Sexto Piso por la labor impresionante y encomiable de volver a editar la obra completa de estos autores norteamericanos que aquí en España parecían no haber existido (Gaddis y Barth).

viernes, 1 de julio de 2016

LAS CENIZAS DE ÁNGELA de Frank McCourt




  Esta novela de  Frank McCourt la he leído desde el punto de vista del emigrante. Nos encontramos ante una persona que ha sufrido la pobreza extrema que supone la emigración cuando ésta se hace por necesidad. Las cenizas de Ángela realmente es un libro de memorias del propio autor en el que nos relata sus sufrimientos y experiencias  con total naturalidad y realismo.
   En la novela nos describe la vida familiar en Nueva York pero tras una serie de desgracias –la muerte de una hija-, la familia marcha de vuelta a la Irlanda de los años treinta.Allí nos encontramos con un padre que no encuentra trabajo y que por ello cae en el alcohol -¿o quizá sea al contrario?- por lo que la vida familiar se hace insoportable y la pobreza se agudiza.
  Frank crece con el sueño de volver a su país natal pues cree en todo momento que todo se solucionará si consigue viajar de nuevo a los Estados Unidos, de ahí que la novela finalice justo en el momento en el que nuestro protagonista lo cumple.
 La visión de la emigración que nos muestra este descendientes de emigrantes es positiva. Estados Unidos se nos presenta como el país donde los sueños se pueden hacer realidad si uno pone de su parte. Una visión optimista y esperanzadora no desprovista de momentos desgarradores como los descritos en relación al hambre y el problema del alcohol.

  De la novela se hizo una versión cinematográfica en 1999 dirigida por Alan Parker. En mi opinión mejor el libro (premio Pulitzer 1997-biografía-) que la película.

Recomendación de la semana

EL CORONEL CHABERT de Balzac