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sábado, 7 de febrero de 2026

El banquete de Platón

El banquete de Platón

He terminado la lectura de El Banquete con la sensación de que el diálogo plantea menos una teoría del amor que una dificultad persistente para pensarlo sin que se desplace hacia otra cosa. Desde las primeras páginas empecé a notar que, cada vez que uno de los comensales intenta decir algo positivo sobre Eros, el discurso acaba apoyándose en valores que ya estaban firmemente asentados: el honor, la norma, el orden, la educación, el prestigio. El amor parece no sostenerse por sí mismo.

En el discurso de Fedro esto aparece con bastante claridad. El amor es presentado como un bien porque actúa como guía moral: “no hay para un joven ni para un hombre mejor guía que un amante” (178c). El argumento culmina en la famosa imagen del ejército formado por amantes, donde nadie soportaría “ser visto por su amado abandonando su puesto” (179a). Aquí el amor no importa por lo que es, sino por lo que produce: valor, disciplina, sacrificio. Pensándolo con calma, da la impresión de que Eros podría ser sustituido por cualquier otro mecanismo que generase el mismo efecto. Funciona, pero no es imprescindible.

Pausanias parece introducir un matiz decisivo cuando distingue entre dos tipos de amor, uno noble y otro vulgar. Sin embargo, este paso no profundiza realmente en el amor, sino que lo somete a una jerarquía previa. El amor inferior es el que “no se dirige al alma, sino al cuerpo” (181b), mientras que el amor noble se orienta hacia el carácter y la educación. No es un detalle menor que Pausanias asocie el amor considerado bajo con el que se dirige “tanto a mujeres como a muchachos” (181b), reservando el amor elevado al vínculo entre varones. El discurso sobre Eros empieza a revelar con claridad una estructura de poder: no todas las formas de amar son igualmente legítimas.

Erixímaco lleva este desplazamiento un paso más allá. Si el amor solo es aceptable cuando produce orden, ¿por qué no convertirlo directamente en un principio de armonía universal? En su discurso, el buen Eros es el que introduce “orden y concordia” en el cuerpo, en la música y en la naturaleza (187c). A medida que avanzaba en esta lectura, tenía la sensación de que el amor, entendido como deseo, conflicto o carencia, se disolvía por completo. El problema del amor queda neutralizado: donde hay armonía, ya no hay tensión.


El mito de Aristófanes parece romper esta tendencia, porque introduce por fin la idea de carencia. “Cada uno de nosotros es una mitad de hombre” (191d), y por eso buscamos al otro. El amor ya no se explica por su utilidad ni por su adecuación a la norma, sino por una herida originaria. Sin embargo, cuanto más pensaba en este mito, más claro veía que también aquí el problema se esquiva. Aristófanes explica el deseo, pero no lo somete a examen. Cuando afirma que los hombres procedentes del varón-varón “se complacen en estar con hombres y aman a los muchachos” (191e–192a), lo presenta como algo natural, sin necesidad de justificación.

Aquí es inevitable detenerse. Es cierto que estamos en el siglo V a. C. y que no podemos leer el texto con categorías actuales como las de consentimiento o protección del menor. Comprender este marco histórico es imprescindible. Pero comprender no implica justificar. El mito funciona como una coartada: si el deseo es natural, ya no hay nada más que pensar. El amor queda explicado, pero no problematizado.

Llegados a este punto, empecé a tener clara una intuición que recorre todo el diálogo: todos los discursos consiguen hablar del amor sin dejar que el amor les complique la vida. Cada uno, a su manera, logra domesticarlo. O bien lo hace útil (Fedro), o normativo (Pausanias), o armónico (Erixímaco), o natural (Aristófanes). En ningún caso exige una transformación real de quien ama.

Por eso la intervención de Sócrates no es simplemente un discurso más, sino un cambio de nivel. En el relato que atribuye a Diotima, Eros deja de ser un dios perfecto. “No es bello ni bueno”, afirma, “sino que está entre uno y otro” (202d). El amor deja de ser posesión o plenitud y pasa a ser carencia permanente. Amar es “desear engendrar en lo bello, tanto según el cuerpo como según el alma” (206b). El ideal deja de ser cómodo.

Lo decisivo es que Sócrates no se limita a formular esta idea: la encarna. Su forma de vida refleja esa carencia constante. No posee aquello que despierta el deseo, y sin embargo lo provoca. El discurso final de Alcibíades lo muestra con crudeza. Sócrates es comparado con un sileno: feo por fuera, pero lleno de figuras divinas en su interior. Alcibíades confiesa que, al escucharlo, se ve obligado a reconocer que su vida no está a la altura de lo que oye: “me siento avergonzado de mí mismo” (216a). Sócrates atrae, pero no concede; promete, pero no satisface.

Aquí desaparece por completo la distancia entre lo que se dice y lo que se vive. Y es precisamente esto lo que permite entender por qué Sócrates resulta tan incómodo. En una sociedad donde la incoherencia entre discurso y vida es estructuralmente tolerada, quien intenta vivir conforme a lo que defiende se vuelve peligroso. La coherencia radical resulta más subversiva que la hipocresía aceptada.

Por eso terminé El Banquete con la sensación de que el verdadero tema del diálogo no es el amor, sino el coste de tomárselo en serio. La famosa escalera de Diotima me interesó menos como esquema metafísico que como pregunta práctica: ¿quién puede realmente vivir conforme a ese ideal sin romper con el mundo que le rodea? La respuesta parece evidente: muy pocos.

Cierro el libro sin una definición clara de Eros, pero con una pregunta que no resulta cómoda y que quizá por eso sea la más valiosa: ¿qué valor tiene un ideal que no obliga a quien lo defiende a vivir de otra manera?



miércoles, 9 de marzo de 2016

EL AMOR MÉDICO de Molière


"El amor médico" fue escrita como divertimento para el rey Sol, Luis XIV. Estrenada en 1665 su propósito era hacer una dura crítica hacia el oficio de médico pero utilizando el sentido del humor tal y como podemos apreciar en buena parte de los diálogos que aparecen en la obra; de todos ellos cabe destacar aquellos que protagoniza Liseta -señorita de compañía de Lucinda, quien está enferma de amor-.

  La trama es sencilla, Lucinda es una joven que quiere casarse a toda costa pero que se encuentra con el problema de que su padre Sganarello -que ya aparece en otras obras de Molière- se niega a ello.  Ante esta situación la chica cae enferma -evidentemente le está haciendo chantaje emocional al padre, algo que no se ha inventado en nuestros días- que decide contratar los servicios de cuatro médicos. En este momento el genio de Molière se agranda y asistimos a una crítica feroz hacia las personas que ofrecían ese servicio. Para ello se sirve de la amiga de Lucinda, Liseta, que cuando escucha que Sganarello va a contratar a los médicos dice:

 Liseta: ¿Qué va a hacer, Señor, con cuatro médicos? ¿No hay bastante con uno para matar a una persona?

Sganarello: Tú cállate. Cuatro consejos valen más que uno.

Liseta: ¿Es que su hija no va a poder morirse sin ayuda de esos señores?

Sganarello: ¿Acaso los médicos matan?

  Y más adelante Liseta que no se corta un pelo ataca de nuevo pero esta vez lo hace directamente a los médicos:

Liseta: ¿Pero qué? ¿Los Señores estaban ahí, y no piensan reparar el agravio que acaba de hacérsele a la medicina?

El Sr.Tomé: ¿Cómo? ¿Qué pasa?

Liseta: Un insolente que ha tenido el descaro de usurpar su oficio y que, sin receta de su parte, acaba de matar a un hombre de una gran estocada que lo ha atravesado de parte a parte

  La obra termina como debe, es decir, en matrimonio. ¿Cómo lo consiguen Liceta y Lucinda? Fácil, consiguen que Clitandro -enamorado de Lucinda- se vista como médico y éste le indica a Sganarello que su hija está medio loca, pero que él -todo un dechado de buena persona- se sacrificará y le hará creer a la joven que se casará con ella con el consentimiento del padre que debe seguirle la corriente si quiere que su hija recobre la buena salud. El padre, un inocentón, acepta y de esa manera es burlado por la joven pareja que consigue su propósito.

  Si comparamos la estructura de esta obra con otra que tiene similar trama como El médico volante comprobaremos que en esta ocasión en lugar de estar formada por un único acto y dieciséis escenas, "El amor médico" está estructurada en tres actos con seis escenas la primera y siete la segunda y tercera; además Molière un dramaturgo que se encuentra ya en el cént de su carrera no deja margen a la improvisación de los actores tal y como si hacía en la obra que estrenó seis años antes, lo que nos muestra la madurez y seguridad que ha ido adquiriendo el dramaturgo francés.

  En resumen una obra entretenida que podemos leer en un rato y que nos hará reir con las ocurrencias de Liseta, y las conversaciones que mantienen los cuatro médicos.

  Yo de ustedes la leería.

sábado, 5 de octubre de 2013

EL MÉDICO VOLANTE de Molière

  EL MÉDICO VOLANTE

  Escrita por Molière en 1645 nos encontramos ante su primera obra. Ésta nos recuerda a otras que escribirá posteriormente y que la mejoran notablemente.
  Personajes: Valerio (enamorado de Lucila), Sabina (prima de Lucila), Sganarello (criado de Valerio), Górgibus (padre de Lucila), el Gran René (criado de Górgibus), Lucila (hija de Górgibus), un abogado.


  FICHA

  Editorial:  Gredos
  Formato:   Tapa Dura
  Año:          2004
  Páginas:     420
  Precio:       27,50 euros 

  Molière está considerado como uno de los grandes dramaturgos de la literatura universal y he pensado que la mejor manera de hacerle un pequeño homenaje es realizar esta pequeña reseña a su primera obra El Médico Volante.
  Conocemos las principales obras de Jean Baptiste Poquelin que tal es el nombre de Molière: Tartufo, Don Juan, El Médico a Palos, El avaro o El enfermo imaginario escritas todas ellas entre 1664 y 1672, es decir, entre veinte y treinta años después que la que pretendemos reseñar a continuación. Y comento el asunto de las fechas para que tengamos en cuenta el hecho de que es su obra primeriza y por tanto nos puede parecer incompleta en comparación con sus grandes obras maestras pero ya podemos encontrar algunas de las características que aparecerán en el resto de sus obras.
  Es más nos encontramos claramente ante un esbozo de la que será veinte años después El Médico a Palos también llamada El Médico a su pesar.
  La trama es la siguiente la joven Lucila está enamorada de Valerio pero su padre quiere casarla con un hombre mucho mayor que ella. La prima de Lucila le comenta a Valerio que puede ver a su amada si consigue que su criado Sganarello se haga pasar por un médico que recomiende al padre de Lucila que la deje vivir en la casa del bosque para que mejore de su enfermedad.
  El resto os lo podéis imaginar. Sganarello -personaje que aparecerá en muchas otras obras de Molière- se convierte en el auténtico protagonista de la obra con sus continuas transformaciones. El resto de personajes no pasan de ser secundarios al servicio del "médico".

  En cuanto a la estructura comentar que tiene un único acto dividido en dieciséis escenas, en las que se nos muestra que la obra estaba concebida más para ser representada que para ser leída dándole una gran importancia a los actores, pues son varias las ocasiones en las que en el texto aparece la posibilidad de que el actor improvise sobre la marcha. Este hecho a medida en que Molière vaya madurando en su arte irá desapareciendo de sus obras.
  Recordar por último que esta obra sirvió de inspiración a Leandro Fernández de Moratín en su obra  El Médico a Palos.

  Si no habéis leído ninguna obra de Molière os recomiendo que comencéis por ésta por la sencilla razón de que disfrutaréis de la primera genialidad del actor y dramaturgo francés y sobre todo porque os permitirá que comprendáis y os deleitéis con las posteriores lecturas que de Molière hagáis.

Recomendación de la semana

EL CORONEL CHABERT de Balzac