viernes, 23 de mayo de 2014

EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA de Gabriel García Márquez

  El Coronel no tiene quien le escriba

  Publicada en 1961, "El Coronel no tiene quien le escriba" está incluida según el periódico "El Mundo" en su lista de las 100 mejores libros escritos en español.

  Personajes:  Coronel, la esposa del coronel., don Sabas, el abogado, el hombre del correo.

   FICHA:

  Editorial:  Mondadori

  Formato:   Tapa Dura
  Año:          1999
  Páginas:     96
  Precio:       12,90  euros

  Si tienes un par de tardes libres y no sabes que hacer con ellas tienes una inmejorable opción: leer esta magnífica novela de García Márquez.  Seré políticamente incorrecto y me sinceraré ante vosotros, "Cien años de soledad" me parece un bodrio de proporciones considerables si la comparo con ésta o con "Crónica de una muerte anunciada" quizá porque el realismo mágico del que el escritor colombiano es emblema no me atrae en absoluto si exceptuamos la obra de Miguel Ángel Asturias "El Señor Presidente" reseñada con anterioridad en este mismo blog (aquí).
  La desesperanza campa a sus anchas a lo largo de la novela acompañada de unas descripciones tan desoladoras (no solo de los perfiles psicológicos de los personajes sino también del medio ambiente) que el lector parece vivir en esa aldea costeña en la que no deja de llover, atrapado y sin ninguna esperanza de poder escapar de ese lugar.
  Llama la atención poderosamente la impersonalidad de los personajes, muy pocos son nombrados por su nombre (don Sabas y poco más), por lo que nos da la sensación de que Márquez nos hace participes de una situación que bien podría ocurrir en cualquier punto de la geografía colombiana y a cualquier persona debido a la creación de unos personajes muy estereotipados -el hombre de correos, el médico, el abogado, el coronel...-.que podrían ser cualquiera de los habitantes de la Colombia de la época. Por otro lado tal y como suele ocurrir en buena parte de la literatura hispanoamericana parece que existe una confrontación entre el realismo y fuerte personalidad de la mujer latina, con el idealismo e inocencia que muestra el hombre, encarnados estos estereotipos en la novela en los personajes del coronel y su esposa. Éste lleva quince años esperando una paga que el Estado debe concederle, y ella -consciente de la necedad de su esposo que va todos los viernes al muelle a recoger esa posible carta que le confirme el pago de la pensión- apoyándolo en todo momento.
  Por otro lado encontramos la crítica que realiza al gobierno colombiano que por aquellos años censuraba todo pensamiento que fuese contrario a lo defendido desde Bogotá valiéndose para ello de la censura a la prensa. En contraposición nos muestra como esos opositores, que nadie conoce, escriben octavillas que llegan a estas aldeas para que todo aquel que quiera conozca de primera mano lo censurado por el gobierno. Para describir esta situación es brutal el párrafo en el que algunos aldeanos contrarios al gobierno comentan que los americanos deberían vivir en Europa para conocer lo que sucede en sus países, y los europeos deberían vivir en América para conocer la auténtica realidad europea.
   La crítica social también se ceba con los profesionales de la abogacía aprovechándose de estos personajes estereotipados e impersonales de los que escribíamos con anterioridad. En este caso nos encontramos con un abogado que "saca" el dinero al pobre coronel y por el que realmente no realiza ningún tipo de gestión administrativa que pueda llevar a buen puerto el negocio del protagonista. De esta manera llega un momento en el que la esposa del coronel harta ya de la inocencia de su marido le conmina a cambiar de abogado pues es evidente que lo está estafando.

  En cuanto al personaje del Gallo de pelea se ha escrito mucho; en mi caso me voy a olvidar del simbolismo que puede tener este ave y me voy a centrar en lo que representa para el coronel.
  Este gallo es su hijo, ni más ni menos. Ante la pérdida del hijo, el ave se erige en el centro familiar, es sobre quien recaen los cuidados del coronel y quien realmente lo mantiene con vida, con las esperanzas intactas en que en algún momento le llegará la aprobación gubernamental de su pensión. De ahí que en el momento en el que viendo que ya no tienen nada que comer decide venderle el gallo a don Sabas, parece que al coronel la realidad le golpea duramente; de repente parece ser consciente de la pobreza en la que vive, de la mala vida que lleva junto a su esposa, en resumen la desesperanza aparece como victoriosa en la vida del coronel. Además el gallo es su posesión más preciado, todo su orgullo está concentrado en esta ave de pelea pues sabe que muchos caciques desean hacerse con el (incluido el tal don Sabas) de manera que su venta de manera indirecta le resulta una auténtica humillación ante aquellos poderosos que siempre se arrimaron al sol que más calienta para seguir con el poder.
  Por esta razón cuando finalmente decide no vender el gallo, nos aparece ese triunfo del orgullo que no se rinde ante los poderosos (refrendando la frase de Emiliano Zapata: "Es mejor morir de pie que  vivir de rodillas") aunque eso le suponga morir de hambre:


"-Qué se puede hacer si no se puede vender nada -repitió la mujer.
-Entonces ya será veinte de enero -dijo el coronel, perfectamente consciente-. El veinte por ciento lo pagan esa misma tarde.
-Si el gallo gana -dijo la mujer-. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo puede perder.
-Es un gallo que no puede perder.
-Pero supónte que pierda.
-Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel.
La mujer se desesperó.
-Y mientras tanto qué comemos -preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía-. Dime, qué comemos.

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

-Mierda."


  FILMOGRAFÍA:

  Película mexicana dirigida por Arturo Ripstein en 1999 y protagonizada por Fernando Luján, Salma Hayek, Marisa Paredes y Rafael Inclán.
  
  Fue nominada en el Festival de Cannes de 1999 a la Palma de Oro (categoría mejor película).
  García Márquez comentó de la cinta: "Es un gran filme. Ripstein me ha hecho justicia".