martes, 26 de noviembre de 2013

EL BAILE de Irene Nemirovsky


  EL BAILE

  Escrita por Irene Némirovsky (1903-1942) fue publicada en 1928. Nacida en Ucrania pertenece a una rica familia judía que tuvo que emigrar debido a la revolución rusa de 1917 instalándose en París. La muerte le llega en el campo de concentración de Auswitch.

  Personajes: Antoinette, Alfred Kampf, Rosine Kampf e Isabelle Cossette.




FICHA:

Editorial: Salamandra
Formato: Tapa Blanda
Año:        2009
Páginas:   94
Precio:     11 euros

  A Irene Némerovsky he llegado gracias a la jueza Alaya, ( no porque esté involucrado en el caso de los ERE andaluces y esté entreteniéndome en Puerto 2 leyendo todo tipo de novelas) ya que esta escritora es la preferida de la magistrada; por casualidad un día en no se qué programa de televisión explicaban que Alaya lee y relee a una escritora no demasiado conocida para el público en general y dieron el nombre: Irene Némirovsky. Así que busqué algo sobre su biografía y obras y me gustó, así que me lancé a leer esta novelita de la que después me hablaron bastante bien.
  ¿De que trata esta novela? Pues en mi opinión no habla como podría parecer de una niña de 14 años que está en la edad del pavo y que lo único que quiere es asistir a un baile (así describían en el ABC la versión cinemátográfica que se estrenaba en Madrid el 5 de marzo de 1933) sino que nos describe esa mala leche que va intrínseca al ser humano. Y nos la descubre de una manera brutal en unas maravillosas 94 páginas. En esta novela no vamos a encontrar nada que tenga que ver con una violencia gratuita  (asesinatos, chantajes o violaciones), solo nos va a  mostrar los sentimientos de envidia, venganza, odio... Pero vayamos al grano:

   El argumento es muy sencillo: una familia de nuevos ricos quieren dar un baile en su nueva casa para mejorar sus relaciones sociales pero las familiares (relaciones, se entiende) penden de un hilo. Antoinette es la hija del matrimonio Kampf, aunque bien podría ser cualquiera de los niños maltratados psicológicamente en las obras de Dickens, con la salvedad que en El Baile el maltrato le viene a Antoinette por parte de su madre Rosine. El mayor deseo de ésta es codearse con la alta sociedad francesa y en todo momento deja entrever que eso es lo único que quiere en la vida, ni hija, ni marido, solo las relaciones sociales.

  Al baile serán invitadas unas doscientas personas incluida la vieja Isabelle -amiga de otros familiares de Kampf- con el objetivo de que ésta le cuente a esos familiares lo bien relacionados que están Rosine y su marido:

  " - ¡Ah!, no entiendes nada. ¿Cómo quieres que se entere la familia si no? A ver, dime, ¿ves desde aquí la cara de la tía Loridon que riñó conmigo porque me había casado con un judío, y la de Julie Lacombe y el tío Martial, todos los de la familia que nos hablaban con aquel tonillo protector porque eran más ricos que nosotros, te acuerdas? En fin, es muy simple, si no invitamos a Isabelle, si no estoy segura de que al día siguiente se morirán todos de envidia, ¡lo mismo me da que haya baile como que no!"

  A su hija Antoinette le prohíben  asistir al baile a pesar de la ilusión que esta tiene y a partir de estos momentos se desata la novela como un torbellino. Antoinette entrega a Isabelle la invitación mientras que el resto de invitaciones las tira al río Sena (la niña con 14 años tiene celos al ver como su niñera se besa con el novio) y ahí se inicia la venganza contra su madre.

  Llega el día del baile y lógicamente solo aparece una persona -Isabelle- ante la impotencia de Rosine que se siente humillada por la alta sociedad francesa por no asistir a su fiesta. Para que todo acabe de la peor forma posible el matrimonio discute con una violencia verbal bestial:

  " ¡Tú tienes la culpa imbécil , por tu sucia vanidad, tu orgullo de pavo real, es cosa tuya! ¡El señor quiere dar bailes!¡Recibir! ¡Es para desternillarse de risa! ¿Crees que la gente no sabe quién eres, de dónde sales? ¡Nuevo rico! ¿Te la han jugado bien, eh, tus amigos, tus queridos amigos, ladrones, estafadores!
  - ¡Y los tuyos, tus condes, tus marqueses, tus gigolós!...
  - ¡Cuando te recogí, Dios sabe por dónde te habías arrastrado ya!¡Crees que no sé nada, que no me daba cuenta de nada! Yo pensaba que eras guapa, inteligente, que si me hacía rico me honrarías... Buen negocio hice, desde luego, menuda con la que fui a dar, modales de verdulera, una solterona con modales de cocinera...
  - Otros quedaron satisfechos...
  - Lo dudo. Pero no me des detalles. Mañana lo lamentarías.
  - ¿Mañana? ¿Y tú te has creído que me quedaré una hora siquiera contigo después de todo lo que me has dicho? ¡Animal!
  - ¡Vete! ¡Vete al diablo!".

  Pero lo más espeluznante de la novela no es esta discusión, sino la reacción final de Antoinette ante su madre, cuando ésta le dice que es lo único que le queda:

  "Estrechó a Antoinette entre sus brazos. Como la niña pegó su rostro mudo contra las perlas, su madre no la vio sonreír..."

  No es una sonrisa que muestre cariño hacia la madre, sino la típica sonrisa que haría Chucky, sí me refiero al personaje del Muñeco diabólico, que solo verla haría que se te erizaran todos los vellos del cuerpo.


  Tendremos que seguir leyendo a esta magnífica autora porque la experiencia bien que ha merecido la pena.