miércoles, 27 de noviembre de 2013

UNA APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE GENJI

   



  Hace un par de años tuve la brillante idea de comenzar a leer novelas escritas en China y Japón, quería quitarme de encima esa etiqueta que tenemos los europeos que dice que nos creemos el centro de la cultura universal. De esta manera aprovechando las magníficas ediciones que habían salido de unos cuantos clásicos chinos y japoneses (Sueño en el Pabellón Rojo editado por Galaxia Gutenberg, La Historia de Genji editada por Atalanta, El Arte de la Guerra de Evergreen o El Erudito de las Carcajadas también editada por Atalanta) me lancé a por ellos.

  Comencé por Sueño en el Pabellón Rojo y tiene el honor de ser el primer libro que no he acabado. Algo extraño porque me gustaba, cierto es que en algunos capítulos su lectura se hacía infumable pero en cambio otros eran muy amenos. En definitiva que empecé a intercalar una novela, otra, otra y otra y han pasado unos años y no la he vuelto a coger.
  ¿Por qué cuento esto del Sueño en el Pabellón Rojo? Pues porque esta experiencia la recordé hará cosa de un mes; entonces pensé en iniciar otra lectura pera esta vez iba a cambiar de la literatura china a la japonesa así que me decidí por La Historia de Genji.



  Después de 400 páginas los recuerdos de Sueño en el Pabellón Rojo han vuelto, ¿seré capaz de finalizar la lectura de este clásico japonés?, ¿lo dejaré a medias como me sucedió con la obra de Cao Xueqin? El argumento nos narra las aventuras de Genji, hijo del Emperador de Japón. Bueno durante las 300 primeras páginas son aventuras sexuales del Paquirrín de Japón (aunque por lo que nos describe la autora, en versión Darek, si el modelo ese polaco que se ventila a toda la que se le pone por delante sin importarle edad, belleza y demás -bueno la cartera sí pero esa es otra historia).
  El tal Genji es mi ídolo, reconozco que ha estado a punto de quitar tal puesto a Flavio Briatore, pero Flavio es mucho Flavio, y como aún no he terminado la novela - no me imagino a Genji acompañado de las señoritas con las que se deja ver el italiano- lo dejo aún en ese segundo puesto.


   


A parte de sexo (narrado como si estuviésemos viendo una de esas películas que no son ni pornos ni eróticas que ponen muchas televisiones locales los sábados por la noche -hablo de oídas porque yo no las he visto, mejor las que son más explícitas-) la autora Murasaki Shikibu nos deja entrever posibles envenenamientos dentro de la familia imperial -eso, o que aquellos que le caían mal a la emperatriz consorte Kokiden repentinamente caían enfermos y morían-. Mucha casualidad ¿verdad?

  Y esto es básicamente el argumento en este primer tercio de la novela. Si dejamos a parte el argumento (muy manido por cierto) lo mejor de la novela hasta el momento es la descripción que se hace de los modos de vida de las clases nobles japonesas en el siglo XI y lo poético del lenguaje utilizado por Shikibu.
  Lo que más me sorprende: la diferencia cultural entre el Japón y la Europa del s.XI, sobre todo la excepcional cultura que poseían las mujeres de la nobleza japonesa en contraste con la nula educación que tenían las europeas (con algunas excepcionales).

  Continuaremos con la lectura, a ver hasta donde llegamos.