martes, 17 de diciembre de 2013

LOS ONCE de Pierre Michon

  LOS ONCE

 Novela escrita por Pierre Michon en 2009 que obtuvo el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa ese mismo año.

 Personajes: François-Élie Corentin

  FICHA:

  Editorial:  Anagrama
  Formato:  Tapa Blanda
  Año:         2010
  Páginas:   144
  Precio:     14,50 euros

  Le falta algo. Esa es la sensación que me queda tras leer la premiada obra del que dicen ser el mejor escritor francés vivo. La prosa utilizada es maravillosa te atrae como una araña lo haría con una de sus víctimas hacia su tela. De una manera dulce, suave, agradable y cuando menos te lo esperas... estás enganchado a ella. Pero como decía lo que te engancha es la prosa, la forma de escribir de Michon, esas palabras que te envuelven y seducen; pero ¿y la historia que nos narra? Realmente el argumento que nos presenta el autor promete: un pintor (que no existe más que en la novela) es contratado para que inmortalice al Comité de Salvación Pública encabezados por Robespierre. El pintor no es otro que Corentin, y el cuadro que realiza "Los Once"y esto -la creación de Corentin y de "Los Once" por parte de Michon- es otra de los elementos que merecen la pena de esta novela. Michon entremezcla la realidad con la ficción de tal manera que en muchos momentos no sabemos si tal personaje o tal obra son reales o ficciones inventadas por él. Para el autor el arte y el artista son los medios que tiene la sociedad para posicionarse a posteriori y lo ejemplifica a las mil maravillas en el siguiente párrafo:

  "...que pintasen un cuadro del Comité en el que Robespierre y los suyos apareciesen representados en majestad, un cuadro que concediera existencia oficial a ese Comité que teóricamente no existía, pero al que, por el mero hecho de salir en una pintura, considerarían que era lo que era; un ejecutivo radicado en el abominado lugar del tirano, un tirano de once cabezas, que existía y reinaba efectivamente, que exhibía incluso la representación de su reinado como hacen los tiranos; o quizá, si las cosas salían de otra manera, si Robespierre se afincaba en el poder sin que quedase otro recurso, para que, mediante esa pintura, se viera al Comité como un ejecutivo consagrado, con plena legalidad, la flor y nata de los Representantes, fraternos, paternales y legítimos, como síndicos, o como cónclave".

  El arte al servicio de ninguna idea o de todas si queremos; una obra de arte que la interpretaremos dependiendo de quien sea el vencedor o el vencido. Esta es realmente la idea sobre la que cimienta la novela Michon. Evidentemente en ningún momento nos describe algunos de los sucesos acaecidos durante El Terror para reafirmar así las ideas anteriores: lo importante de esta novela es cómo la cuenta  el autor y el uso que se le da al arte. Por esta razón comentaba que al finalizar la lectura te queda ese sabor agridulce; piensas "qué bien escrito está el libro pero a la historia le falta ese punto que te acabe de enamorar" porque quieres saber ¿qué ocurrió después? ¿cuándo entregó el cuadro? ¿qué pensaron los personajes que la encargaron al verla? ¿desde qué momento se convirtió en la obra más visitada del Louvre?
  Posiblemente Michon no da respuesta a esas preguntas porque no le interesaba la historia; quería que esta -el encargo de la obra- sirviera exclusivamente de contexto para que nos centráramos en lo primordial: la prosa; pero como sobre gustos no hay nada escrito en mi opinión podía haberlo conseguido igualmente cerrando la novela de esa manera.
  Pero... terminas de leer la novela y reflexionas sobre lo que has leído y de repente sin esperarlo empiezan a surgir a borbotones otras escenas que prácticamente pasan desapercibidas y que en su conjunto hacen que la novela crezca y crezca... Por ejemplo la presentación de Corentin; la novela comienza con una descripción minuciosa de una gran obra de Tiepolo: "Matrimonio de Federico Barbarroja y Beatriz de Burgundia" que podemos admirar en la imagen inferior.



  Y ¿quién es Corentin? Es el paje que sostiene la corona de Federico; porque Corentín sirvió de modelo de Tiepolo por lo que podemos deducir que en esos momentos -históricamente se realizó este fresco en 1752- nace el amor de Corentin por la pintura -y aquí apreciamos lo dicho al principio de la reseña, la perfecta mezcla que hace Michon de la realidad y la ficción-.
 ¿Qué otras imágenes nos llegan a la mente tras reflexionar sobre la novela? Pues nos llega por ejemplo como el abuelo de Corentin se hace con una fortuna al construir un canal sobre el Loira mientras que la mano de obra mezcla el barro con su sangre para que unos pocos se enriquezcan.
  O por ejemplo nos queda grabado en la memoria como el padre de Corentin abandona a esposa e hijo para marchar a París, pues quiere convertirse en un literato famoso -no lo conseguirá-; o siguiendo con la literatura cómo unos escritores -que debieron ser muy malos- consiguen hacerse con el poder de manera que de esos Once -que formaban el Comité de la Salud Pública- diez lo eran; y lo que no consiguieron mediante el uso de la pluma, lo consiguieron mediante el uso de la guillotina (la fama).

  Definitivamente -y me doy cuenta mientras escribo la reseña- a Michon hay que degustarlo mientras se leen sus novelas y disfrutarlo al reflexionar sobre ellas; es entonces cuando desaparece ese regusto amargo que nos quedaba al terminar la lectura y nos viene a la memoria esas palabras que nos envuelven y seducen y nos embriagan y nos piden más y más y más...