viernes, 19 de septiembre de 2014

LA FIESTA DE LA INSIGNIFICANCIA de Milan Kundera

  La Fiesta de la Insignificancia

  Publicado en 2014, "La fiesta de la insignificancia" es el testamento literario de uno de los más grandes escritores que ha dado Europa en el último siglo, Milan Kundera.

  Personajes: Alain, Ramón, Charles, Calibán.


   FICHA:

  Editorial:    Tusquets
  Formato:    Tapa Blanda
  Año:           2014
  Páginas:      144
  Precio:        14,90 euros
  Traductor:   Beatriz de Moura

   Ochenta y cinco años contemplan a uno de los más importantes escritores que ha dado Europa en el último siglo, Milan Kundera. Nacido en Brno (República Checa) en 1929 su obra se caracteriza por atizar al comunismo imperante en la Europa del Este desde finales de la II Guerra Mundial. Tras la "Primavera de Praga" (movimiento político y social que buscaba modificar muchos de los aspectos totalitarios del comunismo soviético en la antigua Checoslovaquia) el ejército soviético apoyado por las tropas del Pacto de Varsovia invaden el país natal de Kundera prohibiendo la publicación de sus obras (en "La Broma" publicada ese mismo año de 1968 se satiriza al estalinismo motivo por el que se cursa dicha prohibición). A partir de estos momentos la crítica de Kundera se hace más dura si cabe en cada una de sus obras de manera que las autoridades comunistas lo "obligan" a exiliarse a Francia en 1975.

  En cuanto a la novela tenemos que distinguir los tres temas que la vertebran:

  1. La crítica al comunismo siempre tan presente en la obra del escritor checo (en esta ocasión con Stalin, Kalinski o Jrushov). Apelando al fin del sentido del humor bajo el gobierno estalinista.
  En este sentido nos introduce el tema con la narración de una anécdota que lee uno de los personajes en la biografía de Nikita Jrushov. Stalin aparece como un personaje déspota que cuenta a sus subordinados cómo cazó veinticuatro perdices teniendo solo doce cartuchos a su alcance. Ni Jrushov, ni Kalinin ni Beria, ni muchos otros altos cargos del Politburó o Presidium soviético lo creen, pero solo se atreven a criticarlo en un urinario en el que se encuentran  sin ser conscientes que están siendo espiados.
  El sentido del humor ha sido sustituido por el del terror de manera que el primero solo está en posesión del líder. Stalin es libre de reír cuando quiera y de gastar las bromas que quiera, pero incluso los miembros de ese Presidium no distinguen en ningún momento si lo que dice Stalin es una bravuconería o una simple broma. Y es que el miedo a un campo de trabajo forzoso era evidente.

  2. La importancia que le da el autor a las relaciones humanas; en esta ocasión describiendo unos días en la vida de unos amigos (Ramón, Charles, Alain y Calibán) en las que apenas ocurre nada interesante pues todo son paseos, y extraños diálogos en una fiesta por supuesto también extraña.
  Incluso en estos momentos el sentido del humor parece estar perdiéndose como prueba Calibán que ante la broma que le gasta un amigo sobre la conveniencia de seguir hablando en un idioma inventado se imagina de repente siendo arrestado por la policía.
  Pero lo realmente interesante no es lo que hacen estos personajes si no lo que sienten; más que fijarnos en los diálogos debemos prestar atención a esos monólogos interiores donde realmente vomitan todo lo que cada uno de ellos llevan dentro, sus demonios internos.

  3. La mujer. En los primeros capítulos uno de los personajes, Alain, divaga sobre las distintas partes del cuerpo de una mujer que excitan a un hombre. De esta manera pasa revista a culos, muslos y pechos pero paseando por París se da cuenta que está surgiendo con fuerza otra parte que cada vez excita más al hombre, y esa parte la mujer la sabe explotar de manera que empieza a llevar pantalones bajos de cintura y camisetas cortas. El imperio del ombligo está comenzando y Alain se pregunta ¿qué tiene de especial el ombligo femenino para que el hombre le preste tanta atención? Su respuesta la relaciona con el cordón umbilical que une a madre e hijos, esa es la clave. Más tarde llega a plantearse otras cuestiones como por ejemplo si los ángeles o Eva (la primera mujer) tienen ombligo pero mejor que lean a qué conclusiones llega.


  Podemos ver como Kundera sigue tratando los mismos temas sobre los que ha escrito toda su vida pero esta vez parece hacerlo como si de un testamento se tratara; esperemos que a sus ochenta y cinco años se guarde aún un as bajo la manga que lo saque, mas pronto que tarde, a modo de novela; de novela tan humana y tan bella como esta "Fiesta de la Ignorancia"