miércoles, 13 de abril de 2016

SONATA DE PRIMAVERA de Valle-Inclán



  De las cuatro sonatas (primavera, verano, otoño e invierno) la primavera es la tercera que escribió Valle-Inclán (1904). El lugar en el que se desarrolla la trama de esta pequeña novela es Italia, concretamente en Ligura donde llega el marqués de Bradomín (personaje principal de las sonatas) como mensajero de su Santidad el Papa pues debe dar un mensaje a monseñor Gaetani quien vive en un gran palacio con todo tipo de lujos.

  Allí se encuentra con una antigua conocida, la princesa Gaetani, que tiene cinco hijas siendo la mayor (20 años) la más guapa por lo que nuestro protagonista intentará seducirla. Para que la dificultad sea aún mayor resulta que esta joven, María Rosario, va a coger los hábitos: todo un reto para nuestro protagonista quien por cierto tiene muchas similitudes con el prototipo de don Juan. La gran diferencia entre estos dos personajes es que el marqués de Bradomín sale derrotado de la contienda.

  Hasta aquí la trama, pero vayamos al meollo, ¿por qué resulta tan interesante esta pequeña novela? En primer lugar porque el marqués de Bradomín es el álter ego de Valle-Inclán al que presenta como un "adorador de la belleza" y seguidor de grandes amantes como por ejemplo Giacomo Casanova a quien nombra en la novela.
  En segunda lugar resulta interesante la relación que nos presenta entre el amor y muerte. El amor que siente el marqué por Rosario es sensual, casi sexual y éste se entremezcla con la muerte no solo de monseñor Gaetani sino también con el de la hermana pequeña de Rosario.
  En tercer lugar porque aparecen muchas de las características principales del movimiento modernista: por ejemplo la búsqueda de la belleza puesto que se siente repulsa por lo cotidiano (hay que tener en cuenta que aún Valle-Inclán no se encuentra en esa fase literaria que lo ha hecho tan reconocido y en la que el esperpento es fundamental) alejándose del realismo imperante en los últimos años del siglo XIX. Por otro lado se describen lugares exóticos, lujosos (el palacio de Gaetani en Italia) para oponerse al grupo social imperante en la época: la burguesía.
  Otra característica modernista que encontramos es la expresión de los sentimientos más íntimos del protagonista, por ello escribe la novela en primera persona como si de unas memorias del protagonista se trataran.
  Utiliza continuamente los adjetivos, cultismos y arcaísmos y quien mejor que un noble para que tenga un vocabulario tan extenso.

  Y por último hay una soterrada crítica a la religión -aunque esto más que una característica modernista podríamos decir que es del propio Valle-Inclán- pues el amor no triunfa entre Rosario y el marqués no porque no se atraigan sino porque ella debe hacerse monja pues es el camino marcado por su madre. En el momento en el que ella le niega el amor sucede una nueva tragedia y su hermana cae por la ventana, por lo que al lector le queda una desazón enorme y puede llegar a preguntarse -al menos a mi me ocurrió- ¿qué hubiese pasado si la religión no hubiese estado de por medio y el amor hubiera llegado a buen puerto? La respuesta es clara, la niña no habría muerto. Y es en ese momento cuando el lector se preguntará sobre la importancia que en muchas ocasiones le damos a lo religioso y cómo ésta puede cambiar nuestras vidas.

  En fin una gran novela de Valle-Inclán a pesar de su pequeña extensión.