miércoles, 15 de junio de 2016

AMBERES de Roberto Bolaño




  Las novelas de Roberto Bolaño no están escritas de una manera convencional,  no hablo del rico vocabulario que emplea sino de la estructura con la que dota a su obra. Ejemplos tenemos muchísimos desde sus maravillosas "2666" y "Los detectives salvajes" hasta por ejemplo "La literatura nazi en América".
  "Amberes" sigue esa tónica, incluso se trata de una obra mucho más extraña que las anteriores quizá porque Bolaño la escribió cuando aún no era nadie en el mundo de la literatura y tal y como después reconocería en algunas entrevistas escribía por el gusto de escribir más que por el gusto de ser leído. Por tanto experimenta en su escritura sin el temor a no ser entendido  por unos posibles lectores que dicho sea de paso no creía allá por 1980 -momento en el que escribe la novela- que fuera a tener.

  Por esta razón la novela esta escrita como si de unas alucinaciones fueran. Nos encontramos ante pedacitos de sueños que nos recuerdan a esas pinturas o escritos de principios del siglo XX cuando el vanguardismo estaba tan en boga.
  119 páginas y 56 capítulos ayudan al autor a desestructurar la novela facilitándole conseguir el objetivo de que la obra parezca compuesta por pequeñas irrealidades. Este afán de escribir de manera distinta a la convencional nos lo muestra en uno de los párrafos de la novela cuando dice uno de los personajes: 
  "díganle al estúpido de Arnold Bennet que todas las reglas de construcción siguen siendo válidas sólo para las novelas que son copias de otras"

  Quizá por esa dificultad que le ofrece al lector Bolaño estaba tan orgulloso de esta novela, tanto que llegó a decir:  "La única novela de la que no me avergüenzo es Amberes, tal vez porque siga siendo ininteligible". 

  Y es que en Bolaño da la sensación que es mucho más importante la estructura de la novela que la historia que nos cuenta y la forma en la que lo hace por eso siempre he pensado que si este hombre hubiese nacido en la Castilla del siglo XVII habría creado una escuela distinta a la conceptista de Quevedo o la culterana de Góngora. Bolaño hubiese creado el estructuralismo literario.
  

  Si nos centramos en lo puramente narrativo tenemos poco que decir: novela policíaca con seis muertos en un camping, con un policía asesinado en mitad de la calle por un navajazo que le da un mendigo, otro muerto que aparece cosido a balazos y sin embargo nos lo muestra como si fuesen fantasmas pues estas muertes son lo de menos en la novela, son meras apariciones que tal como surgen, desaparecen.

  También encontramos escenas con alto contenido sexual pero nada que ver con las escenas sadomasoquistas  que nos dicen que aparece en la mayoría de críticas o en la misma contraportada de la novela pues lo más raro que aparece es la penetración anal, acto descrito en varias ocasiones a lo largo de las 119 páginas y que parecen ser más importantes a lo largo de ellas que los propios asesinatos ya que estos parecen ser la excusa para que cierto protagonista se lo pase en grande en varias ocasiones.

  En mi opinión Bolaño consigue lo que pretende: que quien lea la novela no entienda un carajo y por ello a la mayor parte de los lectores y críticos la parte de la novela que más le gusta es casualmente el prólogo "Anarquía total. 22 años después" que curiosamente está escrito en 2002 cuando Bolaño ya era considerado un genio de las letras y tenía que hacerse entender por el gran público.